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"Hay un montón de música popular nefasta. Hoy se la consume con avidez pero, tarde o temprano, cuando todos crezcan y vean el legado que les han dejado a sus hijos, la falta de creatividad y la poesía, se van a dar cuenta de que les dejaron nada más y nada menos que una bolsa llena de basura."

Luis Alberto Spinetta

Libro: MARTROPÍA (de J.C.DIEZ)

(Fuente: laguerrillaartistica)

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Cuántos años tienes? ¿Todavía se rompe tu corazón y pataleas en tu cama al llorar? Tal vez no te quieres enamorar, eso parece siempre que te alejas cuando notas que me estás abrazando demasiado. Todas tus defensas son vanas porque sé que ya me querías de antemano.

Y ahora tratarás de olvidarme ¿no es verdad? Pero nunca podrás y al final de la noche te sentarás a mirarme fijo y comprobar si tengo la valentía de acercarme a tí. Y la tendré, para tu alegría y la mía debo decir. Entonces nos abrazaremos como si no hubieramos peleado por nada.

 Pero me conoces y, sabes en el fondo que puedes estar tranquilo, que volveré.

Y es que desde el primer día tuviste ventajas, al quedarte callado mientras yo hablaba. Al conocerme tanto mientras yo ni siquiera te miraba. Ahora que no estamos juntos ya sabes que cuanto yo quisiera estar contigo, simplemente ir directo a rodear tu cuello con mis manos y demostrarte lo poco que te quiero como amigo.

Y como te dije, sos raro, tenés miles de actitudes que me sacan de quicio, no te reís tanto como me gustaría y nunca sé con qué me vas a salir. En cambio yo, soy de mucho hablar y soy tan predecible que siempre sabes qué esperar. Sabes con qué mano te acariciaría antes de que me pueda mover. Conociste mis movimientos. No sé si agradecerte o mandarte con tu mamá. Parece que soy interesante, pero no me interesa que tengas tantas armas para ganar.

Sabes mis por qués y te gusta preguntármelos para ponerme a prueba. Y yo, siempre ilusa y siempre honesta, te contesto con la verdad. Al menos me regalaste esa sonrisa, y la risa oculta de que nadie sepa qué hay entre nosotros en realidad.

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Ya no quedan seres que quieran así.

A veces alguien te rompe un sueño, pero hay que soñar otra vez. A veces la pena te deja sin respiración, pero hay que serenarse. A veces en la oscuridad te pones a bailar con un recuerdo. A veces tienes miedo, pero te inventas un abrazo. 

Tú y yo sabemos lo que se siente en la soledad; los días de cien horas, las horas de relojes sin  agujas: el tiempo no avanza, no retrocede, somos una imagen congelada, una mujer sin nombre convertida en estatua de sal por haber mirado hacia atrás.  

¿Cómo se llamaba la mujer de Lot, la que sabía que sólo nos pertenece el pasado, que eso es lo único cierto que tenemos, haya sido sol o cruz, nave surcando el océano o piedra hundida en las profundidades del mar? 

Busqué en libros y libros, y nunca hallé su nombre. Pobrecita, doliente, casi cristal, casi llanto endurecido, pálido pensamiento detenido, pasado inamovible, única vestal que intentó mantener encendido el fuego devastador de quién sabe qué beso, qué sólida pasión incandescente.

¿En qué pose quedó? ¿Con los brazos extendidos, clamando? ¿Intentando correr, desesperada? ¿Queriendo regresar… queriendo refugiarse en la casa que quedaba atrás?

Yo no quiero convertirme en estatua de sal… pero no puedo dejar de mirar el jardín del ayer: a veces infierno, a veces paraíso… 

¿Dónde dejar aquella música que me sé de memoria? ¿Dónde, el gusto de su saliva tibia? ¿Y la aspereza de su barba creciendo en la madrugada? ¿Y el olor a bosque de pinos expandido por sus movimientos? 

A veces la vida te enfrenta con un pelotón de fusilamiento… pero los disparos no te matan, te dejan herida a un costado del camino… olvidada, loca de dolor.

Y entonces ya no importa el frío. 

Ni el calor. 

Ni el hambre. 

Ni la espera. 

Ni una mariposa amarilla volando alrededor de la mirada. Total, alguna vez volverá a ser verano, aunque el mar haya huido y sea inalcanzable. Alguna vez volverá a ser de noche y podré descansar del agudo reflejo del sol en las pupilas. 

Total, alguna vez volverá una piel conocida a frotarse contra mi piel, aunque sea en un sueño, aunque sea inventada. Total, nadie podrá decirme que lo que digo es mentira, que lo que pienso es mentira, que lo que espero es mentira, que lo que siento es mentira. 

Todo es posible cuando llueve.

Si das un salto alto las estrellas se te pueden meter en el pelo.Si una estrella se cae en tus manos, la amasas hasta reducirla, la pones en la heladera y después te la comes hecha hielo. Pero no sucede seguido. A veces no sucede ni siquiera una sola vez en la vida. Eso no quiere decir que no esperes que pase. 

Pasan tantas cosas que parecen tan raras. Por ejemplo: querer a alguien como yo he querido, y que un buen día ya no esté. Y que nadie se da cuenta que la muerte no se lleva solamente a los muertos. Y que a nadie le importe. 

Y que a mí, de pronto, no me importe que a nadie le importe. 

Porque aprendí una cosa; aunque bla bla bla bla… aunque todos bla bla bla bla, no es cierto: en el mundo ya no quedan seres que quieran así. 

Pasa una vez. 

Ráfaga.

Con alguien como él. 

Con alguien como yo. 

Estatua de sal. 

Estatua de llanto cristalizado. 

Estatua desolada, arrodillada, trágica. 

Estatua de una mujer sin nombre que no quiso marcharse, que quería quedarse, que jamás se hubiera ido, porque cuando se ama no se buscan lugares que queden lejos del alma, de lo vivido, de lo que nos pertenece por derecho de ojeras compartidas, de lágrimas  quemando la punta de la lengua, de palabras susurradas al oído.

¡Ay!